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David en el Salmo 15 muestra que para llegar al cielo es necesario el ser santos. Por medio de una pregunta el autor nos hace pensar el tipo de persona que puede entrar al cielo (v.1). Tal como muchos le preguntaron a Jesús y nosotros podemos preguntar también: ¿Qué tengo que hacer para ser salvo y heredar la vida eterna? (Lucas 18:18, Hechos 16:30).

Cada uno de nosotros nos hacemos la misma pregunta para asegurarnos de tener la seguridad de que tengamos un lugar en el cielo. Sin embargo, el salmo no nos deja con la interrogante, sino más bien contesta las preguntas mencionando 10 principios éticos que el creyente debe practicar como parte de su vida piadosa.

10 Principios Éticos

  1. Integridad (v.2)

    Habla del proceder de la persona. Es uno que vive honradamente. “Que es íntegro” (tāmîm) significa cabal, sincero, completo o perfecto.[1] La persona íntegra es aquel que profesa ser sano de pensamiento y corazón en todas las cosas que hace. O sea hace las cosas sin engaño.

  2. Hacer Justicia (v.2)

    Habla de la obra exterior de uno. Es uno que da lo correcto, ayuda y no desea sacar provecho de las situaciones. La palabra justicia—sedeq, en hebreo—abarca la totalidad de las relaciones humanas e interpersonales.[2] La persona justa es aquella que se relaciona con la bondad y su base es la verdad. Además “sus actividades van en armonía con los estándares divinos”[3].

  3. Hablar Verdad (v.2)

    Habla de la vida interior de la persona. Es una persona sincera y objetiva. La expresión hebrea transmite la idea de «decir la verdad interna o mentalmente»[4]. Es la persona que actúa de forma correcta porque la Verdad (Cristo) vive en ella. Así pues, sus decisiones están fundamentados en esta Verdad.

  4. No Calumniar (v.3)

    Habla de no tropezar con la lengua. Es una persona que no chismea, ni calumnia, ni difama, ni maldice a otra. ¡Quien fundamenta su vida en el principio de la verdad que está en su corazón, no calumnia ni miente![5] Más bien, se esfuerza por hacer el bien para su prójimo, rechazando o incluso guardando los comentarios negativos que otros hacen sobre sus prójimos.

  5. No hacer mal al prójimo (v.3)

    Los Mandamientos tienen que ver mucho con esto. El hacer mal a un ser humano es pecar contra Dios.

  6. No reprochar (v.3)

    Habla de respetar la dignidad del ser humano como creación de Dios. Es no admitir reproches, agravios o calumnias.

  7. No menospreciar (v.4)

    Habla de apreciar y evaluar por su virtud al ser humano sin tener en cuenta su posición social. La persona «indigna» o vil es la que ha sido rechazada y reprobada por el Señor, ¡son sus enemigos!; y los que «temen a Dios» son los fieles, humildes, justos y santos, ¡son sus amigos![6]  

  8. No jurar para hacer daño (v.4)

    Habla de cumplir sus promesas y de no cambiar sus versiones aunque el decir la verdad les perjudique[7]. Es la persona honesta que reconoce la importancia de la verdad. Es aquella que no se doblega ante la conveniencia. Es la que cumple su palabra completamente.

  9. No practicar la usura (v.5)

    Habla de prestar para luego aprovecharse de la dura situación del hermano. No es riguroso ni severo con quienes han sido reducidos a tal estado por los avatares de las circunstancias.[8] Lo contrario a la usura es prestar de forma generosa, que es una virtud recomendada y reiterada en la Escritura (véase, p.ej., Dt 15; Sal 37).[9] 

  10. No admitir cohecho (v.5)

    Habla de no aceptar soborno. Más bien, el justo abandera la causa del inocente y del necesitado.[10] Es la persona que no se corrompe y actúa en la Verdad (Cristo). Reprobando de esta manera esta actitud inmoral en otras personas, aunque se disimule con “regalos”.

El salmo concluye ratificando el carácter de aquel que puede entrar al cielo. Por consiguiente nos enseña sobre la necesidad de acercarnos a Dios en humildad y reverencia. Ya que ninguna persona por sí misma puede cumplir cabalmente todos estos principios. Solo aquellos que han reconocido la gracia y misericordia de Dios a través de Su Hijo Jesucristo son los que pueden entrar confiadamente ante el trono de Dios. Sin embargo, al creyente se le requiere el obedecer estos principios para así disfrutar de la intimidad con el Señor.

 

Referencias:

[1] John F. Walvoord y Roy B. Zuck, El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Antiguo Testamento, tomo 4: Job-Cantar de los Cantares (Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C., 2000), 128.

[2] Samuel Pagán, Commentario De Los Salmos (Miami, FL: Editorial Patmos, 2007), 170.

[3] Walvoord, 128.

[4] Pagán, 170.

[5] Pagán, 171.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bı́blico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 559.

[9] Pagán, 171.

[10] Walvoord, 129.

 

Esposa de José Juan, madre de tres chicas jóvenes e hija de Dios que necesita recordar el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias.