“ …el amor proviene de ustedes, pero el matrimonio proviene de arriba de Dios. Así como Dios está en lo alto, por encima del hombre, así también lo están la santidad, los derechos y la promesa de amor. No es su amor lo que sostiene al matrimonio sino, de ahora en adelante, es el matrimonio lo que sostiene su amor.” – Dietrich Bonhoeffer

Existe un abismo entre lo que creemos que es y lo que la Biblia define el matrimonio. Nuestra actitud moderna hacia el matrimonio en un COD (cójalo o déjelo), hacienda que la perspectiva bíblica parezca ridícula ante la opinión secular.

Sin embargo, vemos que el Señor Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea. Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría; y como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre. Y el hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a toda bestia del campo, mas para Adán no se encontró una ayuda que fuera idónea para él. Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y éste se durmió; y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. Y de la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. Y el hombre dijo: Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada. Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.” Génesis 2:18-25.

A través de este pasaje podemos tener una visión clara de lo que es el matrimonio, pero depende de nosotros el querer salir del espejismo cultural. La distorsión cultural sobre éste nos obliga a ir a favor del libertinaje y la anarquía. Por otro lado Dios desea que entendamos de forma clara y contundente que el matrimonio es Su idea desde el principio de la creación. El matrimonio es obra de Dios porque fue su diseño en la creación del hombre como varón y mujer (Piper 2009, 4). Esto lo dejó claro en Génesis 1:27-28, 2:18. Dios mismo hizo un ser adecuado para el hombre: una esposa (5). No tan solo hizo la ayuda idónea, sino que entregó la mujer al hombre como el Padre que entrega a su hija. Para completar su plan, no tan solo entregó la novia sino que Dios creó por su palabra lo significa el matrimonio: ser una sola carne (Génesis 2:24, Mateo 19:4-6, Marcos 10:6-9), lo que es la base del matrimonio. Dios desde un principio crea, ordena y lleva a cabo el matrimonio para que sean un solo cuerpo.

Lo más impresionante e importante que vemos en las Escrituras, es que el matrimonio existe para la gloria de Dios (8). El matrimonio es obra de Dios y una representación de Él. Dios lo diseñó para mostrar su gloria de una forma que ninguna otra institución o método pueda hacerlo. Este es el misterio revelado que Pablo os habla en Efesios 5:31-32, basado en Génesis 2:24. El matrimonio apunta hacia Cristo y la iglesia. Es el modelo del compromiso del pacto entre Cristo y la iglesia. Cristo como el novio que viene a buscar su prometida: el verdadero pueblo de Dios (Mateo 9:15; 25:1; Juan 3:29). Esta relación en la que Cristo compra con su sangre a su prometida: la iglesia. Este es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo (Lucas 22:20).

El matrimonio existe para mostrar la gloria de Dios a través del modelo de la relación entre Cristo y la iglesia. Esta es la verdadera razón por la que existe el matrimonio. El permanecer casados se trata de guardar el pacto de: “hasta que la muerte nos separe” de la misma forma que Cristo lo hizo por la iglesia cuando murió por ella. El matrimonio se trata principalmente de reflejar la verdad, a Cristo, a través de nuestra vida. Con el matrimonio exhibimos el evangelio de Cristo al mundo.

matrimonio

 

Referencias:

Piper, J. (2009). Pacto Matrimonial: Perspectiva Temporal y Eterna. Carol Stream, IL: Tyndale House Publisher.

Esposa de José Juan, madre de tres chicas jóvenes e hija de Dios que necesita recordar el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias.