“ La gratitud nos da la libertad de vivir contentos por el presente, en vez de estar ansiosos por el futuro o lamentarnos por el pasado.” – Ellen Vaughn

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Gratitud. Es una de las palabras que constituyen el tema central del evangelio. Esto es porque lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario al morir en nuestro lugar, debe provocar en todo creyente el tener un estilo de vida de gratitud. Consideremos 1 Tesalonicenses 5:16-18: “Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús”[1]. En este versículo Pablo les escribe a los de Tesalónica sobre el deseo de Dios, que las personas demuestren Su carácter en el mundo. Este les exhorta a ellos y a nosotros hoy día tres aspectos importantes que tienen que ver con la piedad personal: el gozo, la oración y la gratitud. Estos tres establecen la base de la actitud interna como una expresión hacia Dios.

En lo que se refiere al gozo los tesalonicenses no desconocían esta virtud, pues Pablo hace referencia a ella anteriormente (1 Tes 1:6). Sin embargo, a causa de la persecución de esos días, su gozo había menguado y se corrían el riesgo de perderlo por completo. Es el deseo de Dios que sus hijos estén siempre gozosos a pesar de las dificultades de la vida (Fil 3:1; 4:4). Es un mandato de Dios el estar siempre gozosos. A.J. Mason lo destaca de esta forma: “El cristiano que vive triste y deprimido realmente transgrede un mandamiento; de una u otra forma, desconfía de Dios, de su poder, providencia y perdón”[2]. Así pues, ya que el gozo es un estado interno, este no depende de las circunstancias difíciles que el ser humano pudiera estar atravesando, pues es el segundo enumerado en los aspectos del fruto del Espíritu (Gal 5:22) y se manifiesta en el creyente que ha entregado su vida al control soberano de Dios. Es importante notar que el mandato de estar gozosos es siempre. Matthew Henry lo explica así: “«Siempre» quiere decir: en toda clase de circunstancias, inmune a los múltiples vaivenes de la vida, puesto que es una «cualidad permanente, que se funda en la fe, en la esperanza y en la conciencia de que Dios está con nosotros y de que cumplimos su voluntad»”[3]. Hendriksen comenta: “Por supuesto, el único que puede hallar alivio y aun regocijarse en tiempos de angustia y tristeza (en vista de Ro. 8:28, 35–39) es aquel que hace notorias sus necesidades y deseos ante el trono del Padre[4]”. Es por esta razón que luego de la primera instrucción de estar siempre gozosos inmediatamente Pablo nos exhorta a “orad sin cesar”.

En este segundo mandato el apóstol insta a que no se debe disminuir el hábito de la oración cuando las situaciones difíciles de la vida aparezcan. No se refiere a una oración sin interrupciones, sino más bien a una oración persistente. Al obedecer este segundo mandato, Cevallos explica que “tendría el efecto de mantenernos dentro del gozo cristiano[5]”. La oración no solo consiste en expresar frases verbalmente, sino que es una actitud interna del corazón con el deseo de someternos intencionalmente a la voluntad de Dios. Así pues, de esta forma el creyente, puede desempeñarse en sus deberes cotidianos a la vez que cumple con esta exhortación de Pablo.[6] Es el depender día y noche del Señor. Sin embargo, la oración debe ir de la mano con la acción de gracias. Hendriksen a esto añade: “Cuando alguien ora sin dar gracias, ha cortado las alas de la oración, en tal forma que ésta no se puede elevar”[7].

Como vimos los dos mandatos anteriores tienen que ver con el tiempo personal (siempre y sin cesar). Por lo tanto, la tercera exhortación se refiere a dar gracias en todas las circunstancias. Entiéndase que cuando dice en toda circunstancia incluye la aflicción, tribulación, hambre, desnudez, persecución, angustia, peligros y espada (Rom. 8:35-37). Henry hace alusión a que de aquí es de donde sale el verbo de donde procede el vocablo «eucaristía» y que significa simplemente «acción de gracias». Añade además que se ha aplicado de diversas maneras a la Cena del Señor por el uso de dicho verbo en Mateo 26:27; Marcos 14:23; Lucas 22:17, 19 y 1 Corintios 11:24.[8]

Muchas veces los cristianos se preguntan: ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida? Porque tienen casi siempre en mente su vocación o profesión. Sin embargo, según este versículo, podemos apuntar acerca de un aspecto de la voluntad de Dios: la voluntad de Dios es que demos gracias en todo.[9] Estas tres exhortaciones de Pablo para los hijos de Dios no son tan solo buenos consejos, sino que es la voluntad de Dios para cada creyente. La voluntad de Dios significa gozo, oración y acción de gracias para con todos los que están en Cristo Jesús.[10] Por lo tanto, es la voluntad de Dios revelada a través de la obra redentora de Cristo. Como dice Morris, que «La voluntad (de Dios) es dada a conocer en Cristo, y que es en Cristo donde se les da a los hombres el dinamismo que les capacita para poner por obra esa divina voluntad»[11]. Por lo tanto la enseñanza es clara: debemos estar siempre gozosos, orar incesantemente y dar gracias en toda circunstancia.

 

Referencias:

[1] Lockman Foundation, Santa Biblia: la Biblia de las Américas: con referencias y notas, electronic ed. (La Habra, CA: Editorial Fundación, Casa Editorial para La Fundación Bíblica Lockman, 1998), 1 Tes 5.16–18.

[2] John F. Walvoord y Roy B. Zuck, El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 3: 1 Corintios-Filemón (Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C., 1996), 273.

[3] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bı́blico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 1730.

[4] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Tesalonicenses (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2007), 161.

[5] Juan Carlos Cevallos y Rubén O. Zorzoli, Comentario Bíblico Mundo Hispano, Tomo 22: 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo y Tito (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2009), 68.

[6] Arturo Collins, Estudios Bı́blicos ELA: La esperanza bienaventurada (1ra y 2da Tesalonicenses) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1998), 78.

[7] Hendriksen, 161.

[8] Henry, 1731.

[9] Collins, 78.

[10] Walvoord, 273.

[11] Henry, 1731.