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El pensamiento posmoderno ha hecho que el ser humano quede atrapado en la ideología de la libertad “sin límites”. El pecado que naturalmente toda persona posee (Efesios 2:1) lo esclaviza a pensar que lo correcto es vivir en esta supuesta libertad “ilimitada”. Sin embargo, la Biblia nos indica todo lo contrario. El pecado no liberta, sino que esclaviza y ciega a la persona para que continúe en esta manera de vivir.

Dios ha establecido límites, principios y fundamentos por el bien humano. Si se quitan los fundamentos de un edificio, ¿qué le sucede al edificio? Todos sabemos que se cae. Del mismo modo, ¿qué sucede si los fundamentos fueren removidos de la sociedad? Se desmorona la sociedad.

Al igual que al Salmista, nos surge la pregunta: “si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” (Salmo 11:3). En respuesta, el salmista menciona tres aspectos importantes:

  1. Jehová está en su santo templo (Salmo 11:4a)

    1. Aquí puede apreciarse la santidad de Dios y que en Él no hay maldad. Esto nos lleva a confiar en Dios y en sus fundamentos firmes como lo es Su carácter, atributos y naturaleza.
  2. Jehová tiene su trono en el cielo (Salmo 11:4b)

    1. Esto nos indica que hay un Dios en el cielo que todo lo ve y lo escudriña.
  3. Jehová prueba al justo (Salmo 11:5)

    1. Dios hace distinción entre lo bueno y lo malo, entre el justo y el impío. Dios en su justicia examina al justo por medio del sufrimiento (Stg. 1:12) para hacerles bien (Dt. 8:16). Con este método se dictamina si un corazón se humilla (como el del justo) o se endurece (como el del impío). El corazón del justo se humilla porque su corazón es purificado por la prueba, pero por otro lado, el corazón del impío se endurece teniendo como fruto la maldad y la violencia.

¿Qué hemos de hacer?

El creyente debe hacer todo para la gloria de Dios, no importando si la sociedad remueve los fundamentos. Dios sigue siendo Dios, es inmutable, no cambia. Él se mantiene firme e inconmovible y es quien hace la distinción entre el justo y el impío. Por lo tanto, el creyente debe mantener su fundamento basado en los principios de Dios que se encuentran en la Biblia.

Referencias:

Carro, Daniel. Comentario Bíblico Mundo Hispano Mateo. El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 1993.

Henry, Matthew, y Francisco Lacueva. Comentario Bíblico de Matthew Henry. Barccelona: Editorial CLIE, 1999.

McIntosh, Andy. Génesis para hoy. Ciudad Real: Editorial Peregrino, 2009.