Dios desde el principio de la creación ha tenido un plan de la feminidad. Sin embargo, en las últimas décadas el movimiento feminista ha lanzado una campaña que corrompe lo establecido por Dios. Nos han enseñado desde niñas que nosotras somos quienes decidimos lo que significa ser femenina, que nuestro alrededor se basaba en lo que nosotras queremos. Se nos ha enseñado que no hay diferencia de géneros y por lo tanto yo tengo la potestad de escoger mi género, según me sienta. La idea cultural nos llevaba a ser mujeres llamativas, provocativas, sexuales, egocéntricas, independientes y dominantes. Pero lamentablemente este modelo cultural de feminidad ha resultado ser uno que nos ha llevado a la desdicha e insatisfacción. En lugar de ser una liberadora nos han impuesto muchas más cargas de las que realmente podemos llevar. Hemos creído la mentira cultural de la “liberación” femenina.

Sin embargo, la Biblia nos proporciona la verdadera libertad que anhelamos. Ella es quien dicta las pautas de cómo nuestra feminidad puede ser llevada a cabo según los parámetros de Dios. La Biblia dice que Dios hizo al hombre y a la mujer de forma intencional, era parte de su plan, no fue por accidente. Para poder entender nuestro diseño como mujer es necesario volver al Génesis, al principio. Antes de que el pecado distorsionada los roles, Dios vio que era bueno en gran manera su diseño original del varón y la mujer (Gen 1:31).

Hay un camino de esperanza que retomar. Por mucho tiempo hemos tratado de ordenar nuestra vida a nuestra manera, sin embargo Dios tiene un plan más excelente y exquisito. Él no quiere darnos más cargas de las que podemos llevar. Dios desea darnos una verdadera libertad a nuestra feminidad.