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Por: Dannah Gresh

Hace algunos años mi vida de oración estaba estancada. Sin energía. Sin interés. Durante mi tiempo devocional mi atención se dispersaba. La parte invariable de mi rutina era que mi diario de oración se llenara cada día. De alguna manera sentía que si no llenaba la página, no había orado. Si la página estaba llena, entonces podía sentirme satisfecha.
Entonces mi amiga Melinda me confrontó: “Tal vez deberías dejar de lado tu diario. Parecería que estás poniendo tu vida de oración en esa caja, y ahí se quedó.”

¡Sal de la caja!

Creo que tenemos muchas rutinas, herramientas y ayudas de oración que pueden ser algo así. Diarios, reuniones de oración de los miércoles en la noche, tarea bíblica, devocionales matutinos, y escribir largas listas de peticiones pueden ser “cajas” donde nos quedamos atoradas. Estas cosas no son malas en sí mismas, pero mientras mantengas tu vida de oración en estas cajas, nunca tendrás una vida de oración.

La oración es una conversación constante con Dios. Él va contigo a cualquier lado. Tú no pasarías el día con una amiga y le dirías, “Hablaré contigo a la hora del almuerzo, ¡pero no hablemos el resto del día!” ¿Por qué relegar nuestra vida de oración a una porción o porciones de nuestro día?

La vida de oración de Pedro y Juan

Permíteme retarte a que leas Hechos 3:1-10. En estos versículos, Pedro y Juan se dirigían a la caja de “hora de oración.” Pero estos hombres no estaban atorados ahí. Pedro y Juan estaban en constante comunión con el Espíritu Santo, y sabían lo que Él iba a hacer antes de que lo hiciera. Por eso es que cuando pasaron cerca de un limosnero, dijeron, “¡Míranos!”
¿Por qué no dijeron, “Mira a Jesús? ¿Mira a Dios? ¿Ven a la hora de oración con nosotros?” (Oh, cuántas veces hemos fallado, que en lugar de simplemente orar con una amiga, le decimos ven a la iglesia para que oremos por ti… ¡qué equivocación!) Pedro y Juan sabían que ellos estaban llenos con Dios, y ellos se veían como Él y sonaban como Él ¡porque estaban llenos de Él! Ellos estaban en constante comunión. Ellos tenían una vida de oración.

En este pasaje hay otras evidencias de que ellos tenían una vida de oración. Cuando ellos hablan sanidad en el nombre de Jesús, eso era una oración (Recuerda, Juan dice, “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.” 14:13-14

Lo chistoso… no tenían sus ojos cerrados cuando dijeron estas palabras. Tú no tienes que tener cerrados los ojos, arrodillarte, estar en la iglesia, o incluso comenzar y cerrar con “Querido Dios” y “Amén” para que sea una oración. En última instancia, la oración es comunicación, y rinde resultados.

En este caso, el limosnero que nunca había andado fue sanado. Él comenzó a saltar y alabar a Dios. Muy buenos resultados, ¿no te lo parece? Él se siente tan dominado por esta sanidad que comienza a saltar y alabar a Dios. Él no sabe de cajas o reglas en base a las cuales orar; simplemente fluye de él y alaba brincando. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso? ¿Por qué no sales de tu caja de oración y comienzas una vida de oración?

Tomado de www.AvivaNuestrosCorazones.com