Creemos que Dios es el Señor Soberano del universo y el Creador de la vida, y que todo lo creado existe para Su deleite y para traerle gloria.[1]

Creemos que la creación de la humanidad, como varón y hembra , fue una parte intencional y maravillosa del sabio plan de Dios, y que los hombres y las mujeres fueron creados para reflejar la imagen de Dios en formas complementarias pero distintas.[2]

Creemos que el pecado ha separado a todo ser humano de Dios y nos ha hecho incapaces de reflejar Su imagen como fuimos creados para hacerlo. Nuestra única esperanza de restauración y salvación se encuentra en arrepentirnos de nuestros pecados y confiar en Cristo quien vivió una vida sin pecado, murió en nuestro lugar y fue resucitado de los muertos.[3]

Reconocemos que vivimos en una cultura que no reconoce el derecho de Dios para gobernar, ni acepta las Sagradas Escrituras como la norma para la vida y está sufriendo las consecuencias del abandono del diseño de Dios para los hombres y las mujeres.[4]

Creemos que Jesucristo está redimiendo este mundo pecaminoso y haciendo todas las cosas nuevas; y Sus seguidores son llamados a compartir Sus propósitos redentores, en la medida que buscan, mediante Su poder, transformar aquellos aspectos de la vida que han sido manchados y arruinados por el pecado.[5]

Como mujeres cristianas, deseamos honrar a Dios viviendo vidas contra cultura que reflejan al mundo la belleza de Cristo y Su Evangelio.

Para tal fin, declaramos que . . .

  1. Las Escrituras el medio autorizado por Dios para instruirnos en Sus caminos y revelan Su patrón con para nuestra feminidad, carácter, prioridades, roles, responsabilidades y relaciones.[6]
  2. Glorificamos a Dios y experimentamos Sus bendiciones cuando aceptamos y gozosamente abrazamos Su diseño, funciones y orden para nuestras vidas.[7]
  3. Como pecadoras redimidas , no podemos vivir a plenitud la belleza de nuestra feminidad bíblica, separadas de la obra santificadora del Evangelio y el poder del Espíritu Santo que mora en nosotras.[8]
  4. Tanto los hombres como las mujeres fueron creados a imagen de Dios y son iguales en valor y dignidad, pero tienen roles y funciones distintos en el hogar y en la Iglesia.[9]
  5. Estamos llamadas , como mujeres a afirmar y alentar a los hombres en su búsqueda de expresar su masculinidad piadosa; y a honrar y apoyar el liderazgo que Dios ha ordenado en el hogar y en la Iglesia.[10]
  6. El matrimonio , como fue creado por Dios, es un pacto sagrado, vinculante y para toda la vida, entre un hombre y una mujer.[11]
  7. Cuando respondemos humildemente al liderazgo masculino, en el hogar y en la iglesia, demostramos una noble sumisión a la autoridad, que refleja la sumisión de Cristo a la autoridad de Dios, Su Padre.[12]
  8. La insistencia egoísta sobre nuestros derechos personales es contraria al espíritu de Cristo quien se humilló a Si mismo, tomando forma de siervo y entregó su vida por nosotros.[13]
  9. La vida humana es preciosa para Dios y debe ser apreciada y protegida desde el momento de la concepción hasta la muerte.[14]
  10. Los hijos son una bendición de Dios; y las mujeres fueron especialmente diseñadas para ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea a sus hijos biológicos o adoptivos, y a otros niños en su esfera de influencia.[15]
  11. El plan de Dios para la humanidad es más amplio que el matrimonio. Todas las mujeres, casadas o solteras, deben modelar la feminidad en sus variadas relaciones; exhibiendo una modestia distintiva, sensibilidad y gentileza de espíritu.[16]
  12. El sufrimiento es una realidad inevitable en un mundo caído. En ocasiones seremos llamadas a sufrir haciendo lo correcto, mirando la recompensa celestial antes que los deleites terrenales, por el bien del Evangelio y el avance del Reino de Cristo.[17]
  13. Las mujeres cristianas maduras tienen la responsabilidad de dejar un legado de fe, discipulando a las más jóvenes en La Palabra y los caminos de Dios y modelando a la siguiente generación vidas de fructífera feminidad.[18]

Creyendo en lo anteriormente expuesto, declaramos nuestra intención y deseo de convertirnos en “ Mujeres Verdaderas “ de Dios. Nos consagramos a cumplir Su llamado y propósito para nuestras vidas. Mediante Su gracia y en humilde dependencia de Su poder, nosotras:

  • Buscaremos amar a Dios nuestro Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.[19]
  • Gozosamente le cederemos el control de nuestras vidas a Cristo como Señor – diremos: “Sí, Señor” a la Palabra y la voluntad de Dios.[20]
  • Seremos mujeres de La Palabra, buscando crecer en nuestro conocimiento de las Escrituras y vivir de acuerdo a la sana doctrina en cada área de nuestras vidas.[21]
  • Cultivaremos nuestra comunión e intimidad con Dios a través de la oración: en alabanza, acción de gracias, confesión, intercesión y suplica.[22]
  • Aceptaremos y expresaremos nuestro diseño y llamado únicos como mujeres, con humildad, gratitud, fe y gozo.[23]
  • Buscaremos glorificar a Dios cultivando virtudes como pureza, modestia, sumisión, mansedumbre y amor.[24]
  • Mostraremos el respeto debido a hombres y mujeres, creados a imagen de Dios, considerando a los demás como mejores que nosotros;buscando edificarlos, poniendo de lado la amargura, el odio y las palabras malas.[25]
  • Estaremos comprometidas fielmente en nuestra iglesia local, sometiéndonos a nuestros líderes espirituales, creciendo en el contexto de la comunidad de fe, usando los dones que Dios nos ha dado para servir a otros, edificando el Cuerpo de Cristo y cumpliendo con Sus propósitos redentores en el mundo.[26]
  • Buscaremos establecer hogares que manifiesten el amor, gracia, belleza y el orden de Dios; que provean un clima favorable a la vida y que brinden hospitalidad cristiana a aquellos fuera de las paredes de nuestro hogar.[27]
  • Honraremos la santidad, pureza y permanencia del pacto matrimonial, ya sea el nuestro o el de otros.[28]
  • Recibiremos los hijos como una bendición de Dios, buscando entrenarlos para que amen y sigan a Jesucristo y para que consagren sus vidas a Su Evangelio y Su Reino.[29]
  • Modelaremos el mandato de Tito 2, como mujeres mayores, modelando piedad y entrenando a las más jóvenes para que agraden a Dios en todos los aspectos; como mujeres jóvenes recibiendo la instrucción con mansedumbre y humildad, aspirando llegar a ser mujeres de Dios maduras quien a su vez entrenarán a la siguiente generación.[30]
  • Buscaremos oportunidades para compartir el Evangelio de Cristo con los inconversos.[31]
  • Reflejaremos el corazón de Dios hacia los pobres, enfermos, oprimidos, las viudas, los huérfanos y los que están en prisión; ministrándoles a sus necesidades físicas y espirituales en el nombre de Cristo.[32]
  • Oraremos por un movimiento de avivamiento y reforma entre el pueblo de Dios que resultará el avance del Reino y del Evangelio de Cristo entre todas las naciones.[33]

Tomado de © Nancy Leigh DeMoss. Revive Our Hearts/Aviva Nuestros Corazones. Usado con Permiso.

www.AvivaNuestrosCorazones.com

Referencias:

[1] 1Co. 8:6; Col. 1:16; Ap. 4:11

[2] Gn. 1:26–27; 2:18; 1 Co. 11:8

[3] Gn. 3:1–7, 15–16; Mr. 1:15; 1 Co. 15:1–4

[4] Pr. 14:12; Jer. 17:9; Ro. 3:18, 8:6–7; 2 Ti. 3:16

[5] Ef. 4:22–24; Col. 3:12–14; Tit. 2:14

[6] Jos.1:8; 2 Tim. 3:16; 2 P. 1:20–21; 3:15–16

[7] 1 Tim. 2:9; Tit. 2:3–5; 1 P. 3:3–6

[8] Jn. 15:1–5; 1 Co. 15:10; Ef.. 2:8–10; Fil. 2:12–13

[9] Gn. 1:26–28; 2:18; Gal. 3:26–28; Ef.. 5:22–33

[10] Mr. 9:35; 10:42–45; Gn. 2:18; 1 P. 5:1–4; 1 Co. 14:34; 1 Ti. 2:12–3:7

[11] Gn. 2:24; Mr. 10:7–9

[12] Ef. 5:22–33; 1 Co. 11:3

[13] Lc. 13:30; Jn. 15:13; Ef. 4:32; Fil. 2:5–8

[14] Sal. 139:13–16

[15] Gn 1:28; 9:1; Sal. 127; Tit. 2:4–5

[16] 1 Co. 11:2–16; 1 Ti. 2:9–13

[17] Mt. 5:10–12; 2 Co. 4:17; Stg. 1:12; 1 P. 2:21–23; 3:14–17; 4:14

[18] Tit. 2:3–5

[19] Dt. 6:4–5; Mr. 12:29–30

[20] Sal. 25:4–5; Ro. 6:11–13; 16–18; Ef. 5:15–17

[21] Hch. 17:11; 1 P. 1:15; 2 P. 3:17–18; Tit. 2:1, 3–5, 7

[22] Sal. 5:2; Fil. 4:6; 1 Ti. 2:1–2

[23] Pr. 31:10–31; Col. 3:18; Ef. 5:22–24, 33b

[24] Ro. 12:9–21; 1 P. 3:1–6; 1 Ti. 2:9–14

[25] Ef. 4:29–32; Fil. 2:1–4; Stg. 3:7–10; 4:11

[26] Ro. 12:6–8; 14:19; Ef. 4:15, 29; He. 13:17

[27] Pr. 31:10–31; 1 Ti. 5:10; 1 Jn. 3:17–18

[28] Mt.. 5:27–28; Mr. 10:5–9; 1 Co. 6:15–20; He. 13:4

[29] Sal. 127:3; Pr. 4:1–23; 22:6

[30] Tit. 2:3–5

[31] Mt. 28:19–20; Col. 4:3–6

[32] Mt. 25:36; Lc. 10:25–37; Stg. 1:27; 1 Ti. 6:17–19

[33] 2 Cr. 7:14; Sal. 51:1–10; 85:6; 2 P. 3:9