En la historia de la mujer samaritana (Juan 4:1–42) podemos ver que Jesús sabe lo que valemos. Esto es porque al pasar Jesús por Samaria, se sentó junto a un pozo para descansar. Una mujer samaritana, conocida por todos como una pecadora, llegó a sacar agua del pozo. Jesús le pidió de beber a la mujer y le dijo muchas cosas acerca de su vida. Cuando ella reconoció que Jesús era el Mesías prometido, regresó a la ciudad para decírselo a todo el mundo. Jesús vio el verdadero valor de la mujer y le ofreció agua viva. Al contar esta historia a los más pequeños es bueno que ellos tengan a su mano manipulativos y actividades para reforzar la lección. A continuación algunas ideas que puedes incorporar en esta enseñanza.

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