A través de las Escrituras vemos que los discípulos de Cristo permanecen en  la Palabra de Dios (Juan 8:31-32).  Del mismo modo se nos insta a que nosotras como imitadores de Cristo permanezcamos en la Palabra de Dios. Para lograr esto es necesario:

Lee diariamente la Palabra de Dios para ti misma (2 Timoteo 3:16-17)

  • Toda la Escritura es provechosa.
  • Escoge uno de los 66 libros de la “librería de Dios” y lee de forma sistemática a través de cada libro.
  • Ora y pídele al Espíritu de Dios que sea tu maestro.
  • No sustituyas libros devocionales por la lectura de la Biblia.

Toda la Escritura es provechosa para la doctrina (la verdad por la cual nosotros vivimos)

  • Cuando conoces la verdad, la verdad te hace libre (Juan 8:31-32)
  • Desecha la ira, el miedo, el pecado, la culpa, la vergüenza y la depresión… mientras aprendes la verdad acerca de Dios, hombre, pecado, promesas, principios, mandatos, elecciones y consecuencias.

Toda la Escritura es provechosa para reprensión (nos demuestra dónde estamos mal)

  • Bendito el hombre que no camina en el consejo de malos (Salmo 1)
  • El consejo de los malos nos dirige hacia un razonamiento no santo y un comportamiento no bíblico.
  • Sé cuidadosa con las voces que escuchas.

Toda la Escritura es provechosa para la corrección (cuando hacemos cosas equivocadas)

  • Las epístolas del Nuevo Testamento están llenas de instrucciones para vivir una vida santa.

Toda la Escritura es provechosa para instruirnos en rectitud (lo que a Dios le agrada)

“Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.” (2 Pedro 1:3-4)

  • Hacer lo que Dios dice que hagamos, no importando cómo te sientas, no importando lo que pienses. Cree y obedece. Porque sin fe es imposible agradar a Dios.
  • Los hechos en la Palabra de Dios son los que dirigen, nos dan poder y lideran mi vida. – La fe conecta la Palabra de Dios a mi corazón y vida. – Los sentimientos deben ser dirigidos por las opciones de mi corazón.
  • Si dejamos que nuestra vida sea controlada por los sentimientos en lugar de la verdad nos podemos descarrilar.

Con la Meditación de la Palabra y la Memorización nos ponemos la armadura (Josué 1:8)

  • La meditación en las Escrituras es una reflexión en actitud de oración con vista a entenderla y aplicarla. La meta es conformar mi vida al deseo de Dios en oración decidiendo cómo aplicar la Palabra de Dios a mi vida diaria.

Algunos consejos personales para llevar a cabo el estudio de la Palabra

  • Lleva a cabo un diario devocional (en una libreta).
  • Lee la Palabra de Dios con bolígrafo en mano.
  • Escribe en la libreta las verdades que Dios te enseña mientras estás a solas con Él.
  • Pregúntate:
    •  ¿Qué? ¿Qué dice?  – Escribe los versos en tus propias palabras.
    • ¿Así qué? ¿Qué quieren decir los versos? ¿Cómo los aplicarías a tu vida personal?
    • ¿Ahora qué? ¿Cuál es tu plan de acción para “hacer la Palabra”?
  • Mira las verdades acerca de Dios, el hombre y el pecado.
  • Mira las promesas, principios, mandatos, elecciones y consecuencias.
  • Escribe dos oraciones cortas:
    • Señor, gracias (por lo que has descubierto)
    •  Señor, por favor (orar por tu vida)
  • Memoriza las Escrituras
    • Existen muchos métodos que pueden ayudarte a memorizar las Escrituras. Sin embargo, la meta de memorizar las Escrituras tiene el propósito de capturar tu corazón con la verdad de manera que puedan defenderte de las mentiras que te rodean. Comienza tu día memorizando algunos versículos y repásalos antes de acostarte a dormir. Repásalos antes de tus devocionales y antes de cada comida. Mientras más los repasas más pueden captarlos tu corazón.

 

 

Esposa de José Juan, madre de tres chicas jóvenes e hija de Dios que necesita recordar el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias.