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¿Qué dicen los evangelios acerca del primer gran mandamiento?

A través del primer gran mandamiento pude encontrar que Jesús hace énfasis en el amor como una forma de adoración total hacia Dios (Mateo 22:34-40; Marcos 12:28-34). En Juan 14:21 Jesús hace notar que aquella persona que atesora los mandamientos y los pone por obra demuestra su amor hacia Jesús y como consecuencia será amado por el Padre.  El gran mandamiento, según Mateo, Jesús lo divide en amar a Dios en tres áreas fundamentales: corazón, alma y mente.

La primera área fundamental, que es el corazón, se refiere a los pensamientos (Mateo 9:4). Es del corazón de donde salen los malos pensamientos que llevan a cabo las malas acciones de las personas (Mateo 15:19). Es de suma importancia que nuestros pensamientos estén solamente dirigidos hacia Dios. Cuando amamos a Dios con todo el pensamiento estamos sugiriendo que Dios es nuestro tesoro (Mateo 6:21). Tal como lo explica Lucas 6:45: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca”. Por lo tanto, si nuestro pensamiento no está lleno de Dios, nos convertimos en hipócritas porque decimos que amamos a Dios con la boca pero nuestro corazón está lejos de Él (Mateo 15:8).

Por otro lado el alma, que se refleja en la conducta del ser humano, vendría a ser la segunda área fundamental. Aquella persona que se preocupa siempre por sí mismo pero no es rico para con Dios, demuestra a través de su conducta que su alma no ama a Dios (Lucas 12:19-21). Jesús nos insta a que amemos a Dios con toda nuestra alma. Esto es que nuestra conducta debe reflejar el amor hacia Dios. Si decimos que amamos a Dios pero nuestra conducta no es santa, nos engañamos a nosotros mismos. La conducta del que ama a Dios debe reflejar prudencia, bondad, fidelidad y justicia. Sin embargo, en el día final será cuando cada uno recibirá su recompensa según haya sido su conducta (Mateo 16:26-27; 25).

La mente es nuestra tercera y no menos importante área fundamental. La mente es mejor conocida como el conocimiento y es esencial para amar a Dios. Cristo vino al mundo para mostrar mediante su ejemplo el conocimiento de la salvación por el perdón de los pecados (Lucas 1:77). Sin el conocimiento de la obra redentora de Jesús no podremos amar a Dios porque no sabremos quién es ni cómo amarlo. Por lo tanto, al conocer a Cristo, nosotros entonces podemos conocer y amar al Padre porque el Padre está en Él (Juan 8:19; 14:7). Cristo a través de su vida nos dio a conocer al Padre para que el amor con que el Padre lo amó esté también en nosotros (Juan 17:26). Solo por medio de Jesús podemos cumplir cabalmente este gran mandamiento (Juan 15:10).

¿Cuál es el significado del primer gran mandamiento?

El amor a Dios es el tema principal del gran mandamiento. Todos los versículos citados en la primera parte tienen en común el amor a Dios. Ellos hablan sobre las personas que aman a o no aman a Dios. Las tres áreas en que se divide el mandamiento tienen que ver con lo interno del ser humano como un todo. Sin embrago, también puede verse divido como una mesa de tres patas en la cual cada una de las patas es fundamental y si faltase una de ella la mesa no puede sostenerse. Así pues, el mandamiento para ser cumplido a cabalidad depende en gran manera del desempeño total de cada una de las tres áreas: corazón (pensamientos), alma (conducta) y mente (conocimiento). Así pues, para amar a Dios completamente nuestro amor debe ser con todo nuestro ser. Sin embargo, nosotros por nuestras fuerzas no podemos cumplir este mandamiento, sino solo a través de Jesús. El mejor ejemplo de cómo amar a Dios lo hizo Cristo.

Mis observaciones se alinean a las de William Hendriksen con respecto a las tres áreas fundamentales en el amor a Dios. Él define cada área del mismo modo, sin embargo hace una aclaración al decir que este pasaje lo que nos indica es que el hombre debe amar a Dios con todas las “facultades” con que Dios lo ha dotado. Hendriksen comenta que el hombre debe usar todos estos poderes al máximo. Además hace notar el triple “todo … toda … toda …” llegando al punto de que el amor sincero de Dios de todo corazón no debe recibir una respuesta a medias.[1]

Por otro lado, respecto al primer gran mandamiento Matthew Henry señala que: “El amor a Dios es el grande y primer mandamiento de todos”[2]. Y que el amor hacia Dios debe ser algo nuestro. Por lo tanto tiene como resultado el amarle porque es nuestro y debemos comportarnos obedeciéndole en todo y dependiendo de Él en todo. Sin embargo, hace referencia al pasaje paralelo en Marcos para hacer notar que tanto lo interno como lo externo de nuestra vida deben ser dedicados por completo al Señor. Henry añade además que el amor hacia Dios debe ser: “un amor sincero, fuerte, constante, singular, superlativo e indiviso”[3].

Sin embargo, Daniel Carro dice que el primer mandamiento resume la relación vertical para con Dios. Además de que “aquí Jesús cita la ley que dice que el hombre debe amar a Dios con todas las facultades de su ser”[4]. Así pues, aclara que no se debe procurar una distinción rigurosa entre las áreas porque se sobreponen en su significado.

En fin, tanto como Hendriksen, Henry y Carro concuerdan en una esencia: el amor a Dios con todo nuestro ser es el fundamento del gran mandamiento. Es lo que Dios exige en nuestra relación con Él. Todos tratan el amor como algo que no puede ser dado a medias.

¿Qué aplicación práctica se puede hacer basado en el estudio?

De acuerdo a lo anterior podemos entender que Jesús nos anima a imitarlo en su amor a Dios. Como una forma de adoración, el creyente debe tener en mente de que el amor hacia Dios no puede ser a medias, ni por medidas. Debe ser una entrega completa del corazón (pensamientos), alma (conducta) y mente (conocimiento). Es necesario que el creyente viva intencionalmente para amar a Dios con todo su ser.

Este estudio me ha ayudado a detenerme y evaluar mi amor hacia Dios. Al hacer una autoevaluación de las áreas fundamentales, encontré que debo trabajar intencionalmente en lo que se refiere al corazón (pensamientos). Esto es porque si no soy intencional en cuidar lo que pienso, mi alma puede verse afectada y no amar a Dios como se lo merece. Sin embargo, también he aprendido que para el ser humano es imposible cumplir a cabalidad este mandamiento si no rendimos a Jesús nuestras debilidades para que sea Él en nosotros. Solo a través de Jesús podré amar a Dios con todo mi ser.

Referencias:

[1] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2007), 850.

[2] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bı́blico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 1172.

[3] Ibid,1173.

[4] Daniel Carro et al., Comentario bı́blico mundo hispano Mateo, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 1993–), 293.