La vida cristiana no es exactamente tal y como muchos la presentan.

Muchos se imaginan la vida cristiana como una vida:

  • Santa – pero te encuentras viviendo una vida negligente de disciplinas espirituales.
  • Fuerte – pero en tiempos de quietud comienzas a buscar en Instagram pensamientos que te den esperanza a través del día.
  • Relaciones alegres – pero la realidad es que te sientes sola e incomprendida incluso por los que conoces en Facebook.

Tu vida real es ocupada, distraída y aislada. Tus días pasan inviertiendo en tu matrimonio, hijos, cuidado del hogar, trabajo y buscando un respiro entre tiempo y tiempo. Al final de cada día te sientes agotada y sintiéndote como que has fallado en tu rol.

Tu deseo es ir más despacio, invertir en relaciones que valgan la pena y desarrollar una relación íntima con el Señor. Sin embargo, no sabes cómo empezar.

No estás sola. Yo he estado ahí. Y quiero decirte algo. Vivir para Dios es posible porque el secreto no es hacer mucho, sino tener presente quién es tu ancla y dónde está tu esperanza.

A través de mi blog Ancla y Esperanza podrás recordar el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias.

Mi travesía

Dios se reveló a mi vida a la edad de 8 años. Sin embargo, mi relación personal con Dios fue profunda diez años luego, cuando me encontraba en la universidad. De ahí comencé a vivir para glorificarlo a Él. A pesar de que tenía la mejor intención de hacer todo bien y ser una buena persona, muchas veces fallaba.

Pasaron los años y Dios me concedió casarme y tener tres hermosas hijas. Sin embargo, a pesar de los problemas, sufrimientos y situaciones difíciles que he tenido que atravesar en el diario vivir, la gracia y la misericordia de Dios no se ha apartado de mi. El conocer a mi Señor a través de las Escrituras me ha ayudado a sostenerme en los días no tan buenos.

Dentro de los propósitos de Dios se encontraba el que mi esposo fuese llamado al ministerio pastoral y el que yo terminara mi grado de Maestría de Artes en Ministerio Cristiano. No obstante, aprendí que la teología se hace práctica en las situaciones de la vida diaria: al cocinar, lavar los platos, cuidar del bienestar de mi familia y al sentarme a escuchar las experiencias e inquietudes de mi esposo y mis hijas ahora jóvenes.

Por lo tanto, es mi propósito el tener disponible en este blog artículos y estudios bíblicos que puedan recordarnos cada día el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias. Eso es Ancla y Esperanza, una mirada a Cristo.

“Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre.” – Hebreos 6:17-20