El Salmo 3 me ha llevado a ir delante del Señor ante toda circunstancia. Al igual que David puedo llorar y orar, llorar y cantar, llorar y creer. Como toda persona piadosa debo recurrir primero ante Dios y desbordar mi alma ante Su presencia. Mi confianza está en el cuidado y protección de Dios para mi vida.

Además, este pasaje me recuerda que es a través de la justificación que Cristo me declara justa ante Dios. Así que Él es quien levanta mi cabeza y me da dignidad en mi condición. Ante esta fe, sé que puedo clamar a Dios en cualquier momento, aún en medio de mi aflicción, pues sé que Él me responde. Dios es un Dios fiel, así que solo debo levantar mi corazón ante Él.

Por lo tanto, la seguridad que sólo Dios le permite tener a sus hijos es una increíble. Así pues, el descansar en el Señor es un acto de fe y una afirmación de los atributos de Dios. La actitud a asumir ante las dificultades de esta vida debe ser una de firmeza y confianza sin temor al resultado. Esto es porque en realidad las crisis no son para hacernos daño, sino que sirven para comprobar cuánto confiamos en Dios. Es a través de las crisis que se demuestra el poder, la gracia y la victoria de Dios.

En fin, a pesar de las dificultades, el dolor y los problemas que podamos atravesar, Dios siempre responde a nuestras oraciones y nos bendice. A través de este salmo pude ver el poder y la gracia del Señor con sus hijos. Lo que me lleva a expresar: Toda la gloria le pertenece al Señor.

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