¿Qué dicen los evangelios acerca del segundo gran mandamiento?

En los evangelios se pueden encontrar varios versos y porciones completas que apoyan el segundo gran mandamiento. Según Mateo 22:39 el segundo gran mandamiento dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Este mandamiento se repite de la misma forma en Marcos 12:31, 33, Mateo 19:19 y en Lucas 10:27. Sin embargo, de este mandamiento emana el nuevo mandamiento que Jesús les ordena a sus discípulos en Juan 13:34-35; 15:12-17 que dice: “que nos améis los unos a los otros”. Además puede verse que Jesús eleva el amor hacia uno sacrificial para con el prójimo, mostrándolo en su máxima expresión cuando dice que: “nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Dentro de los evangelios no se habla mucho de cómo la persona debe amarse a sí misma. Sin embargo, Cristo da este mandamiento porque por naturaleza nos amamos a nosotros mismos, mientras que por otro lado menospreciamos, odiamos y aborrecemos al prójimo. En la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14) vemos un vivo ejemplo de lo que es tener amor propio y menospreciar al prójimo. El fariseo tenía confianza en sí mismo y no se consideraba ladrón, injusto, adúltero ni mucho menos publicano. Sin embargo, al terminar de orar no salió justificado porque su corazón estaba enaltecido.

Por otro lado, tenemos a un intérprete de la ley que quería justificarse al preguntar ¿quién es el prójimo?. Ante tal pregunta Jesús le responde con la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37). Al concluir la parábola Jesús le hace la misma pregunta al intérprete y este le contesta que aquel que tuvo misericordia es el prójimo. Es entonces que Cristo lo envía a ejecutar el mandamiento.

En otro suceso, en la conversación que Cristo tiene con el joven rico (Lucas 18:18-23), puede verse que el joven dice haber guardado todos los mandamientos. Más sin embargo, al Jesús decirle que vendiese todas sus posesiones para dárselo a los pobres, el joven se fue triste porque amaba más sus riquezas. Con estas dos distintas situaciones, tanto la del intérprete de la ley como con la del joven rico, se aclara y se apoya el segundo gran mandamiento.

Otros pasajes en los que se apoya el segundo gran mandamiento son Mateo 5:43-44; 7:12 y Lucas 6:27-36. Dentro de estos pasajes paralelos Cristo clarifica y amplía el mandamiento al mencionar que debemos mostrar amor no tan solo a los que nos tratan bien sino que también debemos mostrar amor hacia nuestros enemigos. Se puede ver aplicado este mandamiento en Juan 3:16 en donde Dios mostró su amor por nosotros, aun cuando éramos su enemigo, para que creyéramos, fuéramos salvos y tuviésemos vida eterna.

¿Cuál es el significado del segundo gran mandamiento?

El amor es el tema principal del gran mandamiento. Cristo parte de la premisa de que cada persona se ama a sí misma por naturaleza. Así que todos los versículos citados en la primera parte tienen en común el enfoque del amor hacia el prójimo. Además de definir quién es el prójimo, se hace claro que no solo debemos amar a nuestros amigos. El mandamiento es aún más amplio porque incluye el amar a nuestros enemigos. El amor que se exige hacia el prójimo debe ser uno sacrificial. Cristo mismo es utilizado como ejemplo al demostrar este tipo de amor.

A pesar de que tanto el joven rico como los intérpretes de la ley conocían muy bien el mandamiento, no lo estaban ejerciendo en sus vidas. Es por eso que Cristo les ordena que ejecuten este precepto. La importancia de que Jesús haya hecho énfasis en el amor al prójimo a través del mandamiento y los versículos que los sustentan, es porque al ejecutar el segundo gran mandato todos conocerán que somos discípulos de Él.

Daniel Carro define el término “prójimo” significa “el próximo”, o “el cercano”.  Ya que los fariseos entendían que sus “prójimos” eran otros fariseos, o sea de su mismo estatus. Carro utiliza el mismo ejemplo utilizado en la primera parte, la parábola del buen samaritano, para explicar que el prójimo como la persona que esté en necesidad. [1]

Por otra parte William Hendriksen, se alinea a mis observaciones al decir que el mandamiento requiere amor. Hendriksen enfatiza que este amor hacia el prójimo, que es portador de la imagen de Dios, fluye del amor hacia Dios. Él también basa sus observaciones en Mateo 5:43; 7:12; 19:19. Señala además que tenemos una obligación de amar porque de esto dependen la ley y los profetas.[2]

Sin embargo, Matthew Henry se alinea a mis pensamientos al decir que “el amor al prójimo se implica el mandamiento de amarnos a nosotros mismos; hay un amor de sí mismo desordenado y corrompido, que debe ser sometido y mortificado” [3]. Sin embargo, Henry amplía este punto al aclarar que “hay un amor de sí mismo correcto y según Dios, que sirve de modelo al correcto amor al prójimo y que es igualmente el fundamento de la esperanza; este amor de sí, que no se cierra sobre el «yo», debe ser preservado y santificado” [4].  Añade además que el amor a nosotros mismos comporta respeto a la dignidad de nuestra naturaleza y un interés legítimo por el bienestar de nuestra alma y de nuestro cuerpo. El mandato implica, según Henry, que debemos de honrar y estimar a todos, ya que Dios es bueno para con todos, no debemos de injuriar ni perjudicar a nadie. Sino más bien debemos de hacer todo el bien a los que nos rodean, de forma intencional. El comentarista llega aún más lejos al proponer que debemos de “amar al prójimo con la misma sinceridad y con el mismo interés con que nos amamos a nosotros mismos; incluso hemos de negarnos a nosotros mismos por el bien de nuestro prójimo”.[5]

¿Qué aplicación práctica se puede hacer basado en el estudio?

De acuerdo a lo anterior podemos entender que Jesús nos anima ejercer de forma sincera el amor hacia el prójimo. Esto debe hacerse con la misma motivación que cuando buscamos nuestro propio bienestar. Incluso, se debe ser intencional al buscar el bienestar tanto del amigo como del enemigo. Aunque esto requiera muchas veces la negación del yo.

Este estudio me ha ayudado a entender que la baja autoestima no existe. Esto es porque el ser humano caído es el centro de su propio mundo. Cada persona se preocupa por lo que ha de comer o vestir, sin embargo, no siente la misma preocupación por el prójimo. De otra parte, bajo la nueva naturaleza que es Cristo, se nos requiere el ser imitadores de Jesús en la forma intencional de amar al prójimo y dar la vida por él si fuese necesario.

Referencias:

[1] Daniel Carro et al., Comentario bı́blico mundo hispano Mateo, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 1993–), 294.

[2] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2007), 850.

[3] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bı́blico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 1173.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

Esposa de José Juan, madre de tres chicas jóvenes e hija de Dios que necesita recordar el gozo, propósito, contentamiento y plenitud que podemos tener en Cristo no importando las circunstancias.